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Año viejo, uvas y sobrevivencia

  • Eric García Valladares
  • 31 dic
  • 4 Min. de lectura

¡Me ha dejado cosas fantásticas! Y como decía el buen Tony Camargo, el año que termina me dejo una chiva. Una chiva representada por esa energía que salta en todas direcciones y que requiere ser canalizada en los proyectos que pretendo alcanzar; en las metas en áreas profesionales, personales, intelectuales y espirituales; en las fronteras que debo cruzar; en los retos que debo superar; en las personas que debo conservar, conquistar o hasta recuperar.

También me dejó una burra negra. Aquella forma de ser que me trajo distintos contratiempos, ya sea mi mal carácter ante situaciones complejas que debí manejar de mejor manera; en las decisiones tomadas con prisa, con avaricia, con irrespeto y que han derivado en re trabajos, en carencias e incluso situaciones irreconciliables y desamores. Cada una de ellas nos ha dejado un aprendizaje o al menos una lección que hay que repasar un par de veces más para entender los estímulos, el gatillo de las emociones y hasta la manera de modificar la conducta para salir con mejores resultados.

Me dejó una yegua blanca, impecable, altiva y elegante. Es el alma de mis logros en el año. La evidencia de la conquista de territorios agrestes, la meta cumplida, la estrellita en la frente, la insignia de constancia por la cual me siento orgulloso de mi mismo. Es un transporte digno para llegar a mejores lugares, para trazar un mapa y confiar en el vehículo. Tal vez sea mi propio cuerpo, ya que debo alimentarlo, ejercitarlo sin reventarlo, cuidar el terreno que pisa y secarlo diligentemente con un cepillo que retire el polvo, humedad y pensamientos negativos antes de brindarle el merecido descanso de la jornada.

Me dejó una buena suegra, representada por la familia, aquella que es sanguínea, que nos mantiene alertas, dispuestos y voluntariosos; aquella que es política ganada a base de confianza, de respeto, de asistencia y de colaboración; aquella que es de corazón, esas amistades que han estado ahí durante tantos años y que estarán por muchos más, dándonos toneladas de carcajadas y momentos únicos en nuestra vida, con los hombros empapados por nuestras recurrentes crisis o con el estómago adolorido por un ataque de risa ante las innumerables ocurrencias del grupo.

Honra tus uvas. Si realizaste el rito de comer una uva y simbólicamente comprometerte con un propósito por cada una de ellas, realiza lo necesario para crear un plan de al menos doce fases para llegar a cumplir con dichos propósitos. Deseo de todo corazón que encuentres la estrategia que mejor describa tu planificación para cumplirtus metas. Estoy asumiendo que estableciste metas ambiciosas, de esas que requieren dejar el café y el pan, salir a hacer ejercicio (pero en serio, no sólo a tirar rostro), conseguir ese certificado que sólo le falta presentar el examen, terminar (por fin) la bendita tesis, hacer las paces con la familia, aprender esa habilidad que has postergado tantas veces, emprender ese pequeño proyecto que lleva empolvado en la repisa con la leyenda “ya habrá tiempo”. Si llevas a acabo tu plan y te apegas a su desarrollo, puede que no logres completar todos, pero terminaras la mayoría y los que queden rezagados estarán en muy buenas condiciones para terminarse a la brevedad. En serio, honra tus uvas.

Recuerdo que hace un tiempo estaba de visita con unos amigos y entre los materiales que se estaban revisando apareció un video del cual no puedo recordar su autor, pero hablaba de las personas que han sobrevivido cinco años a catástrofes, enfermedades degenerativas, naufragios, etc. Era un estudio de varias personas (tal vez 40 o más). En dicho estudio se establecía que en los resultados, se notaron tres rasgos que compartían los sobrevivientes: el egoísmo, la capacidad para mentir y la aniquilación del otro sin sentir culpa. En verdad me pareció muy romántico el tema.

Y lo romántico aparece cuando desglosamos esos tres aspectos que ellos compartían. Para empezar, el egoísmo no significaba que solamente pensarán en ellos y tomarán ventaja de situaciones dejando a los demás a su suerte. No. Se trataba de ver primero por ellos para colocarse en posición de ayudar a los demás. Un mecanismo que les permite preservar la vida multiplicando las oportunidades para que otras personas también pudieran ayudar. La capacidad para mentir, no se trataba de tergiversar la verdad para perjudicar a nadie y hacer a un lado cualquier responsabilidad, se trataba más bien de crear una nueva realidad, de mentirse para tolerar el desánimo, para hacer menos pesada la carga de su realidad, “no tengo cáncer, tengo un pedacito de carne que me sobra”. La verdad también puede inventarse, especialmente cuando se ha aprendido a inventar en forma efectiva. Por último, la aniquilación sin culpa no se trataba de ser sociópata ni nada parecido, se trataba de soltar, de podar, de purgar sin tener que cargar con el peso de la culpa. En los hospitales psiquiátricos no hay cáncer. Los pacientes en las instituciones psiquiátricas, no desarrollan cáncer y la parte determinante es la ausencia de culpa.

Por ello quiero desearte el mayor de los éxitos al iniciar esta empresa llamada dos mil veinticinco. Que sea un año genial para soñar, conquistar, construir y crecer. Para que al final de estos doce meses dejemos nuevamente un año viejo, uvas y sobrevivencia.

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 En Diario 21


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