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El calor en los tiempos de tolerar

Eric García Valladares

Se ha dicho, se ha visto y con suerte hasta se ha leído en las redes sociales, la controversia que se desató por los simbolismos, las indirectas y las abiertamente directas que se dijeron y se cantaron en el espectáculo de medio tiempo del super domingo, el segundo día con el mayor consumo de alimentos en EEUU (solamente superado por el thanksgiving). Los protagonistas de tan mencionado espectáculo Kendrick Lamar, Donald Trump, El tío SAM (representado por Samuel L. Jackson), Drake y toda una coreografía de mensajes alusivos a la nueva administración del país vecino. Para algunos ha sido muy ingenioso, para algunos otros fue muy divertido y para otros ha sido una falta de respeto a la investidura presidencial. De hecho, las redes hablan mucho más de la escena mediática que el recién ganador de cinco premios Grammy, montó para el “empresario” hecho presidente, que de la paliza recibida por los campeones de la conferencia americana, quienes por cierto habían llegado sin perder un solo partido como locales. Recibieron una cátedra de cómo se juega la defensiva y les fue truncado su sueño de ser los primeros en convertirse en tricampeones. Se puede decir que “había mucho en juego”.

La pregunta aquí es ¿Hasta dónde llega la libertad de expresión que hace alusión a las instituciones? ¿Por qué se toman tantas represalias para quienes trabajan para la nación y se privilegia a quienes trabajan en el “show business”? ¿Qué tan lejos estamos de emular esa misma condición al silenciar opiniones incomodas y elevar a opinión pública el drama, la exageración y la burla?

Nos hemos acostumbrado a dejar de observar las necesidades y hemos puesto nuestros ojos en lo popular, lo chistoso y lo banal. Será que por una condición humana de sobrevivencia evitamos los conflictos mentales y ahorramos energía al dejar de pensar, para entregarnos al vaivén de la información (o desinformación) y la respuesta chusca, el comentario inútil, o la creación de memes que tanta “oportunidad” nos dan para socializar con “los amigos”.

Será que tenemos que adaptarnos a una nueva forma de tolerancia y resistencia. Pero ¿Cómo? Si cada vez más jóvenes se sienten unidos por una condición de desamor, rechazo, incomprensión y abandono de las responsabilidades básicas. Cada vez son más numerosos los casos de personas mayores de edad que en teoría ya pasaron por la etapa de madurez donde se sentían ofendidos por múltiples muestras de desconsideración. Cuando a estas personas se supone que el hecho de que alguien pueda exigirles el cumplimiento de sus responsabilidades, ya no debe ser interpretado como una ofensa ni una amenaza. ¿Movimos la frontera de la tolerancia hacia un lugar más peligroso?

Me ha tocado observar a más gente saliendo a las calles para exigir que sean respetados sus derechos, que se escuchen sus exigencias, que se dé solución a sus demandas. Pero ¿ya establecieron un modelo para evaluación de la respuesta a sus soluciones? ¿O seguimos en las mismas callando voces con dinero, privilegios o peor aún, con promesas que jamás se cumplirán? Es necesario practicar un pensamiento crítico que nos permita diferenciar los antecedentes de la situación actual, para con ello generar una visión de futuro. De este modo estaremos en posición de colocar una línea de partida y seleccionar las acciones que nos permitan realmente generar un cambio sólido respecto a lo que exigimos. De no ser así, lo único que seguirá ocurriendo es que saldremos a gritar rimas curiosas, o hasta líneas filosóficas que le hacen sentido sólo a quienes romantizan el proceso, pero sin un resultado que sea lo suficientemente efectivo como para decir que se está haciendo algo bueno por la causa que fuere.

El calor del ambiente político nos vuelve indiferentes a los detalles del proceso, porque nos hace sudar y nos desgasta en sobremanera. Al final del camino abandonamos nuestra envestidura de superhéroes y dejamos que el enemigo haga de las suyas esperando que las nuevas generaciones lo hagan mejor que nosotros con sus armas digitales. Y rogamos a Dios que sus sentimientos sean ofendidos por las causas correctas.

Son tiempos de tolerar diferente, de no ofendernos por nimiedades, pero que si defendamos nuestros ideales de manera tal que no descompongamos a nadie más. Enérgicamente sí, inteligentemente sí, pero violentamente ya no por favor.

Esa temperatura en el ambiente social, esa radicación de las culturas emergentes, es la que genera el calor en los tiempos de tolerar.

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