Dios ha muerto y… ¿los creyentes lo han matado?
- Kevin Salgado
- 17 sept 2020
- 3 Min. de lectura
La muerte de Dios no es un evento de júbilo, no al menos para el filósofo que la
popularizó: Friedich Nietzsche, quien repite esta frase en varias de sus obras con
mucho dolor, frustración y, sobre todo, con una profunda preocupación de saber
cómo reaccionará la raza humana frente a las consecuencias de haber matado al
creador de todo, pues para él, Dios es esencial para el correcto funcionamiento de
una sociedad.
Nietzsche reconoce claramente la crisis que la muerte de Dios representa para las
consideraciones morales existentes, porque “cuando uno desecha la fe cristiana,
se olvida de la moralidad cristiana. Esta moralidad de ninguna manera es evidente
en sí misma. Rompiendo un concepto principal del cristianismo, la fe en Dios, uno
rompe el esquema: nada necesario se mantiene en las manos de

uno”.
La muerte de Dios no representa de manera literal que “está efectivamente
muerto”, Nietzsche describe la situación, donde Dios no es capaz de actuar como
fuente de algún código moral, en otras palabras, es una forma de decir que los
humanos no somos capaces de creer en cualquier orden cósmico, lo que
provocaría el rechazo de los valores absolutos, rechazo de la creencia en una
objetividad y una ley moral universal que se ejerce sobre todos los individuos.
La pérdida de una base absoluta de moralidad, según Nietzsche, conduce a lo que
él mismo denomina nihilismo, una condición mentalmente peligrosa, pero
necesaria para cumplir con la aspiración evolutiva que converge en el
superhombre (el hombre es en esencia la cuerda entre el animal y el
superhombre). Antes de seguir con las creencias de un filósofo que enloqueció en
sus cuarentas, quiero hablar acerca del asesino de Dios, ¿quién sería capaz de
semejante barbaridad?
Según Friedich, el pensamiento moderno y su tendencia atea ha sido el encargado
de eliminar la necesidad de un dios en la sociedad. En la sección 125 de su obra
La gaya ciencia, un hombre loco grita a los ateos que se burlan de él al buscar a
Dios: «¿Qué ha sido de Dios?». Fulminándolos con la mirada agregó: «Os lo voy a
decir. Lo hemos matado. Vosotros y yo lo hemos matado. Hemos dejado esta
tierra sin su sol, sin su orden, sin quién pueda conducirla... ¿Hemos vaciado el
mar? Vagamos como a través de una nada infinita».
La muerte de Dios puede ser vista como un suicidio, pues la gran mentora del
pensamiento moderno ateísta (y del método científico en general) es la misma
iglesia. Me explico, si en un principio la fe cristiana garantizaba que Dios es la
verdad detrás de todas las cosas y bajo este principio los hombres profundamente
religiosos, pero con herramientas de científicos (Isaac Newton, Pitágoras,
Copérnico, etc.), buscarían esta verdad a cualquier precio, con el firme propósito
de acercarse a lo divino.
Cuando un científico llamado Luigi Galvani fue financiado por la iglesia para
disecar cuerpos y así demostrar la existencia del alma, descifró en su búsqueda la
naturaleza eléctrica del impulso nervioso, lo que le valió para inaugurar una nueva
ciencia no comprendida en su época: la neurofisiología, estudio del
funcionamiento del sistema nervioso en la que se basa la neurología.
El consecuente debate entre Alessandro Volta y Galvani dio como resultado de
manera irónica (además de la creación de la pila) el hundimiento de la corriente
vitalista, esta argumentaba que los organismos vivos se distinguen de las
entidades inertes por poseer una fuerza vital, no existe tal fuerza divina, no hay un
alma oculta en el fondo de nuestro cuerpo.
Nuestros pensamientos, nuestra voluntad y nuestros movimientos no son más que
el resultado de pequeñas interacciones eléctricas entre nuestras neuronas, nervios
y/o músculos. Así comienza a morir Dios, cuando no tiene lugar en la explicación
de las cosas. Así es como la iglesia al tratar de encontrarlo lo ha matado, y si no
existe ¿qué nos queda?
Si has concluido de manera definitiva que Dios está muerto, entonces estás en un
punto muy peligroso de tu vida, ¿cuál es el sentido de todo? Tengo un nombre,
conciencia de mí mismo, profundos sentimientos internos, una inmensa necesidad
de vivir y expresarme y… ¿con todo esto moriré? Parece una estafa. Puedes
tomar dos posturas diferentes.
1) Disfrutar y satisfacer tus deseos más mundanos, pues nada vale la pena,
comamos y bebamos que de cualquier forma moriremos. Esta es la peor forma de
nihilismo, este era precisamente el temor de Nietzsche. 2) Comprender que, si no
hay un Dios encargado de guiar a la raza humana, nosotros tenemos que tomar
esa responsabilidad, mi vida terminará, pero no la humanidad, mi deber como
persona es crear, innovar, dejar un legado que guíe, que encamine siempre hacia
un futuro mejor.
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